de lo que yo mandaba para Mariana?
—¿Qué?
Su reacción parecía genuina.
—Me dijo que eran sus ahorros.
Después aparecieron más gastos.
Un automóvil reciente.
Viajes a Puerto Vallarta y Cancún.
Joyas.
Una cuenta de inversión.
Pagos a una clínica estética.
Mientras mi hija guardaba medio bolillo para cenar, mi madre había pagado tratamientos cosméticos con dinero que yo enviaba para alimentarla.
Pero Gabriel insistió:
—Necesitamos documentar todo.
Llevé a Mariana con una médica.
Tenía anemia, deficiencia de hierro y señales compatibles con meses de alimentación insuficiente.
Nada irreversible.
Pero