—Era para conseguirle becas.
—Declaraste que yo no aportaba dinero.
—Si la escuela podía ayudar, ¿para qué gastar de más?
Aquella frase cayó como
piedra.
—Entonces sí sabías.
—Claro que sabía que mandabas.
—¿Y dónde está?
—Lo usé para la familia.
Señalé a Mariana.
—Ella también es familia.
—También Ricardo.
Mi hermano se levantó.
—Mamá, ¿mi departamento se pagó con ese dinero?
—No todo.
—Me dijiste que eran tus ahorros.
—Porque en cierto modo lo eran.
—¡No eran tuyos!
Teresa golpeó la mesa.
—¡Yo crié a esa niña cinco años!