respondió:
—No pienso discutir esto contigo delante de mi esposa.
Vanessa soltó una risa.
—Siempre la estás protegiendo. ¿Qué tiene ella que yo no tenga?
Después escuché mis pasos alejándose hacia la cocina.
Recordé perfectamente aquel momento.
Había ido a buscar agua porque las náuseas no me dejaban respirar.
Lo que no sabía era que Vanessa había aprovechado esos segundos para acercarse a Adrian.
Su voz sonó nuevamente.
—Si no haces algo, voy a contarle todo.
Adrian respondió con irritación:
—Deja de amenazarme.
Hubo un ruido.
Después, un silencio.
Y