clínicamente. Concepción natural posible.
Lo miré.
—¿Nunca la leíste?
—No.
—¿Cómo?
—Mi madre recogió los resultados por mí porque yo estaba viajando.
Silencio.
—¿Ella te dijo que eras estéril?
—No exactamente.
—¿Entonces?
—Me dijo que el médico había confirmado que sería «prácticamente imposible».
Cerré los ojos.
—Santiago.
—Lo sé.
—Eso no te absuelve.
—No vine para eso.
Empujó otro documento.
Una segunda prueba.
Fechada tres semanas antes de que descubriera mi embarazo.
El recuento había mejorado significativamente.
—¿Hiciste otra?
—Sí.
—¿Y tampoco sabías?
—No fui a recogerla.
Lo miré incrédula.