produjo algo extraño.
No orgullo por su reconocimiento.
La constatación de que cinco años atrás él se refería a mi trabajo como «ese filtro».
Ahora se levantaba de una mesa porque entendía que mi trabajo merecía una negociación limpia.
—El acuerdo seguirá con Patricia —dijo.
Miró hacia mí.
—Si Nébula quiere continuar.
—Continuamos.
Santiago salió.
No intentó hablar conmigo.
La negociación tomó cuatro meses.
SolViva quería exclusividad.
Dije no.
Querían adquirir la patente.
No.
Querían controlar sublicencias.
No.
Finalmente aceptaron una licencia limitada.
Cuando firmamos, Patricia me estrechó la mano.