muy bajo después de una infección.
El médico había dicho que concebir naturalmente podía ser difícil.
Santiago escuchó otra cosa.
Imposible.
—No voy a criar al hijo de otro hombre.
—Son…
Ni siquiera me dejó terminar.
Arrojó la ecografía al piso.
—Quiero el divorcio.
Me agaché lentamente.
Recogí la hoja antes de que su zapato la alcanzara.
—¿Vas a dejarme explicarte?
—No necesito explicaciones.
Su madre tampoco me llamó para preguntar.
Su familia aceptó inmediatamente la versión de Santiago.
Dos meses después firmamos el divorcio.
Yo ya tenía diez semanas