recompensa…
también puede salvar una parte de sí mismo.
Santiago lo hizo.
No porque yo lo esperara.
No porque las niñas se lo debieran.
Sino porque finalmente comprendió algo que debió entender la primera noche:
antes de condenar a la persona que amas…
primero tienes que escucharla.
Y esta vez, cuando nuestras tres hijas corrieron hacia nosotros, Santiago no se quedó paralizado mirándolas desde lejos.
Abrió los brazos.
Y ellas corrieron directamente hacia él.