una anciana a cargar una caja de patatas.
Papá caminaba de un lado a otro, comprobando que nadie se llevara verduras que todavía necesitaban crecer.
—Las calabazas de la esquina aún no están listas —le explicó a un hombre—. Vuelve dentro de una semana y te llevarás las mejores.
—De acuerdo, Erik. Gracias.
—Y dile a tu hermana que no se preocupe por las zanahorias. Le guardaré unas cuantas.
El hombre sonrió.
—Ella dice que eres el único hombre del pueblo que recuerda cuándo se le acaba la comida a