“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

acompañado de Camila, su antigua prometida.

—Ella sí pertenece a nuestro mundo —insistió Ricardo.

Alejandro rechazó aquella manipulación.

—No quiero recuperar mi pasado. Estoy enamorado de Valeria.

Su padre apretó los labios.

—Una trabajadora con una hija ajena terminará costándote tu empresa.

—Entonces tendré que demostrar que soy capaz de dirigirla sin sacrificar a la mujer que amo.

Ricardo no respondió.

A la mañana siguiente, mientras Valeria bajaba del camión frente a la construcción, un automóvil negro se detuvo junto a ella.

Un chofer abrió la puerta.

—Señorita López, don