“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

a una casa decente y ofrecerle a Sofía oportunidades que ella jamás había tenido.

Por un instante imaginó aquella tranquilidad.

Después dobló cuidadosamente el cheque y lo devolvió.

—Mi hija necesita muchas cosas, señor Mendoza. Pero no necesita aprender que su mamá tiene un precio.

Ricardo permaneció inmóvil.

—Está cometiendo un error.

—Tal vez. Pero es mi decisión.

Valeria se levantó.

Antes de marcharse, añadió algo que hizo palidecer al empresario.

—Usted cree que Alejandro necesita una mujer de su misma posición social. Yo creo que necesita una familia que