“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

lo quiera aunque un día pierda todo su dinero. Y por lo que me ha contado, lleva toda la vida esperando que su propio padre lo quiera así.

Ricardo abrió la boca, pero ninguna palabra salió.

Valeria abandonó la cafetería con las manos temblorosas.

Había rechazado una fortuna. Sin embargo, lo que más le dolía era comprender que la familia de Alejandro jamás la consideraría suficientemente buena.

Aquella noche, cuando Sofía se quedó dormida, Valeria lloró en silencio.

Recordó las burlas de sus compañeros, la investigación laboral y las fotografías