“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

responder.

Abajo, Alejandro había escuchado el estruendo desde la oficina provisional.

Salió corriendo bajo la lluvia.

—¡Valeria! ¡Arturo!

Cuando los vio bajar por las escaleras, cubiertos de polvo y agua, sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.

Quiso abrazarla.

Pero recordó que ella le había pedido distancia.

Se quedó inmóvil.

Fue Valeria quien caminó hacia él y apoyó la frente contra su pecho.

—Pensé que no volvería a verte —confesó Alejandro.

—Yo pensé que esos hombres no saldrían vivos.

Él la abrazó mientras don Arturo observaba, todavía temblando.

Aquella noche