intervendría.
—Ella no tomó el dinero, ingeniero —dijo Arturo—. Ni siquiera dejó que su padre pagara el café.
Alejandro permaneció varios segundos sin hablar.
De pronto comprendió por qué Valeria había terminado con él.
No era falta de amor.
Había soportado sola una humillación que él ni siquiera conocía.
Aquella noche fue a enfrentar a su padre en su residencia.
Ricardo estaba leyendo unos documentos cuando Alejandro entró.
—Sé lo que le ofreciste a Valeria.
Su padre cerró la carpeta.
—Intentaba protegerte.
—No. Intentabas controlar mi vida.
—Esa mujer podía