“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

respondió él—. Pero mi esposa quiere conocerte. Dice que necesita abrazar a la mujer que consiguió que su viejo regresara a casa.

Valeria sonrió.

Por primera vez en semanas, pudo respirar tranquila.

Sin embargo, todavía tenía una herida abierta.

Esa misma tarde, don Arturo decidió contarle a Alejandro algo que llevaba demasiado tiempo guardando.

Le explicó lo ocurrido en la cafetería y el cheque de dos millones de pesos.

Había presenciado parte de la conversación desde una mesa cercana. Después, Valeria le había confesado lo sucedido, haciéndole prometer que no