respondió él—. Pero mi esposa quiere conocerte. Dice que necesita abrazar a la mujer que consiguió que su viejo regresara a casa.
Valeria sonrió.
Por primera vez en semanas, pudo respirar tranquila.
Sin embargo, todavía tenía una herida abierta.
Esa misma tarde, don Arturo decidió contarle a Alejandro algo que llevaba demasiado tiempo guardando.
Le explicó lo ocurrido en la cafetería y el cheque de dos millones de pesos.
Había presenciado parte de la conversación desde una mesa cercana. Después, Valeria le había confesado lo sucedido, haciéndole prometer que no