“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

sábados seguimos jugando a los dinosaurios.

—Trato hecho.

Valeria observó la escena, comprendiendo que ninguna fortuna podía comprar aquel momento.

Un año después, cuando inauguraron la primera torre residencial, Ricardo Mendoza apareció inesperadamente.

Se acercó a Valeria delante de su hijo.

—Señorita López, le debo una disculpa.

Ella lo miró con tranquilidad.

—Lo escucho.

—La juzgué por su trabajo y por su situación económica. Me equivoqué. Usted le ha enseñado a Alejandro algo que yo nunca supe enseñarle.

Ricardo miró hacia su hijo.

—Que una familia no se mantiene unida