“Ninguna mujer ha logrado conquistar a mi hijo en siete años, y mucho menos lo hará una obrera con una niña”, me dijo su padre antes de ofrecerme dos millones de pesos.

compañeros descansaban, ella continuaba trabajando con una concentración impresionante.

—¿Quién es? —preguntó Alejandro.

—Valeria López —respondió don Arturo, el maestro de obra—. Lleva tres semanas aquí. Es de las mejores y siempre pide horas extras.

—¿Por qué trabaja tanto?

—Dice que necesita el dinero. Nunca cuenta sus problemas.

Alejandro se acercó.

—¿No se cansa de trabajar tantas horas?

Valeria levantó la mirada.

—Claro que me canso, ingeniero. Pero las cuentas no se pagan descansando.

Aquella respuesta lo desconcertó.

Durante el almuerzo volvió a verla. Comía dos tacos que había llevado