observó.
—¿Quién es?
—Mi socio.
—¿Solo socio?
Lo miré.
—No empieces.
Ethan tragó la pregunta.
Otro progreso mínimo.
—De acuerdo.
Nos sentamos bajo un pequeño techo junto al almacén.
La lluvia golpeaba el metal.
Ethan dejó la bolsa entre nosotros.
Dentro estaban varias cosas.
Mis libros.
Una planta pequeña.
Una bufanda.
El ramo seco de la boda de mi amiga.
Lo miré.
—¿Guardaste eso?
—Todo.
—Pensé que tirarías mis cosas.
Su expresión se volvió extraña.
—No pude dormir en nuestra habitación durante un mes.
Mi pecho dolió.
—Ethan…
—No lo