La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

digo para que vuelvas.

Se obligó a continuar.

—Solo quiero que sepas que no te resultó tan fácil desaparecer de mi vida como tú imaginabas.

Respiró profundamente.

—Compré un anillo hace ocho meses.

Lo miré.

—No.

—No lo traje.

—Bien.

—Lo compré después de la segunda vez que preguntaste.

Sentí ira.

—Entonces ¿por qué dijiste que no era el momento?

Ethan miró la lluvia.

—Porque quería decidir yo cuándo.

Aquella respuesta fue tan honesta que me dejó en silencio.

—¿Qué?

—Quería que fuera perfecto.

—Eso no explica tres aplazamientos.

—No.