La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

lo que yo esperaba desde que apareció.

—Cásate conmigo.

Cerré los ojos.

—No.

—Nora.

—No hagas esto.

—Puedo casarme contigo mañana.

—Ese es exactamente el problema.

Se quedó inmóvil.

—Durante tres años te pedí matrimonio de mil formas.

Mi voz se quebró.

—Y ahora que me fui, de repente puedes hacerlo mañana.

—Porque entendí.

—No.

Negué.

—Porque tienes miedo de perderme.

—¿Cuál es la diferencia?

—Toda.

Me levanté.

—No quiero una boda nacida del pánico.

Ethan se puso de pie.

—Entonces dime qué tengo que hacer.

Lo miré.

—Nada.

Eso