Me divorcié embarazada y oculté a mi hijo durante diez años… hasta que mi ex lo vio en el escenario

de hombre que yo era.

No lloré.

Pero mi garganta dolió.

Durante años imaginé una disculpa suya.

Al principio la deseé.

Después la odié.

Luego dejé de esperarla.

Ahora estaba aquí, sin música, sin lluvia, sin promesas dramáticas.

Y no sabía qué hacer con ella.

—Gracias por decirlo —respondí.

Su rostro mostró dolor.

Quizá esperaba más.

Quizá no.

—¿Eso es todo?

Lo miré con calma.

—Sí.

—¿No hay nada que pueda hacer por ti?

Pensé en la mujer del registro civil.

La que acarició su vientre en silencio mientras él