FUI AL ACTO DE GRADUACIÓN DE MI HIJO

gente tan elegante.

Él negó con la cabeza, me tomó de las muñecas con una ternura infinita, sacó mis manos de atrás de mi espalda y las besó frente a todos los presentes. Luego, con una voz fuerte y clara que retumbó en todo el salón gracias al silencio absoluto que había, me dijo la frase que jamás voy a olvidar mientras viva:

—Mamá, hoy tú no te quedas en la puerta; este título tiene mi nombre, pero el honor y la graduación son tuyos, así que ven a recibirlo