FUI AL ACTO DE GRADUACIÓN DE MI HIJO

me dijo mirándome a los ojos—. Y si en la primera fila no hay una silla para la mujer que pagó cada centavo de mi carrera con el sudor de su frente, entonces yo tampoco quiero estar allá arriba.

En ese preciso instante, el director de la facultad se puso de pie de golpe. Se quitó los lentes para limpiarse una lágrima que le rodaba por la mejilla y empezó a aplaudir con todas sus fuerzas. Detrás de él se levantaron todos los maestros del presídium, luego mis compañeros de