Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

necesitarían escapar rápidamente. Su previsión ahora salvaba sus vidas. montaron con Cristóbal milagrosamente dormido entre ellos a pesar del caos, el cansancio del bebé, superando incluso el terror del momento. Mientras galopaban hacia el norte, hacia las montañas distantes que prometían refugio, Alejandro miró hacia atrás una última vez.

La mansión San Jerónimo, bañada en la luz naranja del fuego que consumía los barracones y amenazaba expandirse a las estructuras principales, parecía un monumento al infierno que había sido su hogar durante 20 años. Vio figuras moviéndose en el caos,