dejaron el desierto atrás, subiendo gradualmente hacia terreno montañoso, donde el aire se volvía más fresco y los pinos comenzaban a reemplazar los cactus. Shoitle, usando
su conocimiento innato de la tierra, los guiaba por caminos poco conocidos, senderos de montaña que los contrabandistas y fugitivos usaban, evitando los pueblos principales donde los espías del varón podrían estar buscándolos. El cuarto día llegaron a un pequeño pueblo en las montañas de Durango, tan remoto que parecía olvidado por el tiempo y la historia.
Se llamaba San Miguel del Alto, poco