Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

más que 50 casas de adobe construidas alrededor de una plaza central con una iglesia modesta y un pozo común. Sus habitantes, mayoritariamente mineros pobres y agricultores de subsistencia que cultivaban maíz y frijoles en terrazas precarias. Miraban con curiosidad, pero sin hostilidad, al joven caballero exhausto, la mujer zapoteca fuerte y su hijo mestizo.

Habían visto fugitivos antes. Las montañas eran refugio natural para quienes huían de algo o alguien. Alejandro, usando parte del oro que había logrado tomar de la mansión antes de escapar, alquiló una pequeña casa