Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

de carne cuando podían permitírselo.

Su ropa era simple y remendada múltiples veces, pero dormían en paz sin pesadillas de látigos y gritos. Reían juntos mientras Cristóbal aprendía a caminar tambaleándose por la casa. Construían una familia basada en amor genuino, no en obligación o supervivencia forzada. Cristóbal creció fuerte y saludable, un niño vivaz con la curiosidad intelectual de su padre y la fiereza tranquila de su madre.

Para su tercer año en San Miguel del Alto, Schitle estaba nuevamente embarazada. Esta vez el embarazo transcurrió en paz relativa,