de carne cuando podían permitírselo.
Su ropa era simple y remendada múltiples veces, pero dormían en paz sin pesadillas de látigos y gritos. Reían juntos mientras Cristóbal aprendía a caminar tambaleándose por la casa. Construían una familia basada en amor genuino, no en obligación o supervivencia forzada. Cristóbal creció fuerte y saludable, un niño vivaz con la curiosidad intelectual de su padre y la fiereza tranquila de su madre.
Para su tercer año en San Miguel del Alto, Schitle estaba nuevamente embarazada. Esta vez el embarazo transcurrió en paz relativa,