de amor genuino habían destruido su capacidad de crear vida.
La vida simple, el trabajo honesto, el aire puro de las montañas y especialmente el amor genuino habían curado lo que ninguna medicina cara podía curar. En los años siguientes nacerían dos hijos más, un niño llamado Miguel y una niña llamada Sitlali. Cada uno era un testimonio viviente de que la vida puede florecer incluso en quienes el mundo había declarado sin esperanza.
7 años después de su escape dramático en 1867 llegaron noticias a San Miguel del Alto