a través de un comerciante itinerante que hicieron que Alejandro y Schitle intercambiaran miradas significativas cargadas de emociones complejas. El varón Cristóbal de Mendoza había muerto aparentemente de una apoplejía masiva mientras dormía.
Su cuerpo había sido encontrado rígido en su cama. Sus ojos abiertos mirando el techo, como si hubiera visto algo terrible en sus últimos momentos. Doña Constanza había muerto se meses antes de un mal no especificado, probablemente su corazón finalmente rindiéndose después de décadas de miseria. No había otros herederos.
La línea menda, tan obsesivamente protegida,