Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

una eternidad, ella habló en un español entrecortado pero firme, cada palabra cuidadosamente elegida.

Tú no querer estar aquí, [carraspeo] yo no querer a ti aquí, pero varón decidir nuestro destino como si nosotros ser animales sin voluntad. Ahora somos dos prisioneros en misma celda, condenados a compartir este infierno. Hubo algo en su voz, no compasión exactamente, pero sí un reconocimiento de su humanidad compartida que Alejandro no esperaba.

Había anticipado burla, rechazo, tal vez incluso violencia. Encontrar en su lugar esta aceptación fría, pero no cruel, lo desarmó