completamente. Los primeros días fueron un infierno psicológico para Alejandro, que casi lo destruye completamente. Shotchitl lo ignoraba durante el día saliendo antes del alba para trabajar en los campos interminables de algodón y regresando al anochecer, cubierta de polvo rojizo y sudor que dejaba rastros blancos en su piel.
El joven permanecía en el barracón hambriento y aterrorizado, sin atreverse a salir, porque sabía que afuera lo esperaban las miradas burlonas de los otros esclavos y los capataces. Los otros esclavos lo miraban con una mezcla compleja de desprecio,