lástima y una satisfacción oscura al ver como el hijo del amo había caído tan bajo.
Ese muchacho blanco y débil que había caído de su pedestal dorado para revolcarse en el lodo con ellos, representaba algo, una pequeña victoria contra el orden que los oprimía. El tercer día, cuando Alejandro creyó sinceramente que moriría de inanición y que tal vez eso sería preferible a continuar viviendo en esta humillación, Shochitl dejó caer frente a él medio pan de maíz duro como piedra y un jarro de barro con agua