Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

y dolorido por dormir en el suelo duro, sin más colchón que su propia ropa, la siguió tambaleándose hasta los campos de algodón, que se extendían como un mar blanco hasta donde alcanzaba la vista. El capataz Esteban Ochoa, ya montado en su caballo y con su látigo enrollado en el cinturón, soltó una carcajada cruel al verlo aparecer.

La princesita viene a trabajar. Esto será más divertido que ver peleas de gallos. Shochitl le entregó un costal de tela áspera que pesaba más vacío de lo que Alejandro había