Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

cargado nunca. Llenar con algodón, arrancar así, demostró con movimientos rápidos y eficientes, que parecían simples, pero que requerían técnica perfeccionada por años de práctica.

Evitar espinas, llenar hasta arriba. Cuando lleno llevara carreta allá, señaló una carreta de madera tirada por mulas que estaba a casi 100 m de distancia. Durante las primeras horas, Alejandro apenas podía arrancar las cápsulas esponjosas de algodón. Sus dedos aristocráticos, acostumbrados solo a sostener plumas de escribir y páginas de libros, sangraban con las espinas ocultas entre las fibras blancas.

El sol del