desierto, que a las 7 de la mañana ya era brutal, lo castigaba sin piedad. No había sombra, no había refugio, solo la extensión interminable de plantas y el cielo azul despiadado. Se desmayó por primera vez alrededor de las 9, cayendo entre las hileras de algodón. Shochitl simplemente lo levantó, le echó agua en la cara desde su propia ración limitada y le ordenó continuar.
Se desmayó de nuevo antes del mediodía, esta vez vomitando Bilis, porque su estómago estaba vacío. Los otros esclavos trabajaban a su alrededor, algunos