Todos lo creían estéril… pero en 1859 su destino cambió cuando fue entregado a una esclava indomable

lanzándole miradas de desprecio, otros de lástima, pero ninguno ayudándolo. Sabían que cualquier ayuda sería castigada. Ochoa cabalgaba entre las hileras como un demonio vigilante, su látigo chasqueando ocasionalmente sobre las espaldas de quienes trabajaban demasiado lento.

Se acercó a donde Alejandro yacía en el suelo, mirándolo desde la altura de su caballo. “Tal vez el varón se equivocó”, dijo con una sonrisa cruel. Tal vez este pequeño señorito simplemente morirá aquí en el campo. Sería una vergüenza o tal vez una bendición. Pero Sochitl mostraba compasión ni burla, simplemente [