carraspeo] lo levantaba cada vez que caía, le daba agua de su propia porción y le ordenaba continuar con una firmeza que gradualmente Alejandro comenzó a entender no era crueldad, sino algo diferente.
“Dolor es maestro”, le decía. Sufrimiento forja hierro en alma. Cada vez que levantarse, hacerse más fuerte, cada vez que continuar cuando querer rendirse, espíritu crecer. Los días se convirtieron en semanas de tormento físico que Alejandro jamás hubiera imaginado posible. Lloraba cada noche, acurrucado en el petate junto a Shochitl, quien nunca comentaba sus lágrimas.
Sus