se despertó en su interior que había estado dormido durante toda su vida. la determinación de sobrevivir, no por obligación o por complacer a otros, sino por sí mismo.
Por primera vez en 20 años, Alejandro comenzó a sentir que su vida tenía valor, no por su apellido o su herencia, sino simplemente porque él existía y se negaba a desaparecer sin luchar. Al segundo mes podía completar medio costal antes de necesitar descanso. Al tercer mes, un costal completo. Los otros esclavos comenzaron a mirarlo diferente, no con desprecio,