hombres se marcharan, dejando tras de sí solo el olor acre de las antorchas, Alejandro y Schitle se quedaron sentados en silencio durante largo tiempo. El peso de la amenaza colgaba entre ellos como una soga invisible. Finalmente, Shochit habló.
Su voz más suave de lo que Alejandro la había escuchado jamás. una ternura que contrastaba con su fuerza habitual. Yo no querer forzar a ti a nada, tú sufrir bastante en tu vida, pero si nosotros no intentar cumplir orden de varón, ambos morir bajo tierra oscura, comidos por