futuro en piedras y entrañas de animales sacrificados. Consultó con un sacerdote católico que había sido expulsado de su parroquia por predicar doctrinas heréticas mezcladas con supersticiones paganas. Cada uno le decía algo diferente, alimentando su paranoia en lugar de calmarla. Finalmente, en septiembre, 6 meses después del inicio del embarazo, llegó a San Jerónimo el padre Justiniano Robles, un sacerdote renegado, cuya reputación era siniestra, incluso para los estándares laxos de la época. Había sido
expulsado de la Iglesia Católica años atrás por practicar lo que él llamaba métodos