antiguos de discernimiento de verdad, rituales que mezclaban liturgia cristiana con elementos de brujería europea medieval y prácticas indígenas prohibidas. Era un hombre demacrado de 50 años, con ojos hundidos que brillaban con fervor fanático o locura pura.
Era difícil distinguir cuál. El padre Justiniano prometió al varón que podía determinar con certeza absoluta si el niño en el vientre de Shitl era legítimo o un engaño. Sus métodos, advirtió, serían poco ortodoxos y posiblemente perturbadores, pero infalibles, según su experiencia. El varón, consumido por la necesidad de saber, aceptó