Sergio sacó del bolsillo de su chamarra un aparato grande.
—¿Qué es eso?
—Un teléfono satelital. Tengo responsabilidades en la empresa, Mariana.
Contestó lejos de mí. Cuando regresó, ya estaba buscando sus zapatos.
—Tengo que resolver un asunto urgente. Regreso el próximo viernes.
—¿Me vas a dejar aquí sola una semana?
—Eres una mujer preparada. No necesitas que te lleven de la mano.
Salió antes de que pudiera responder.
Cuando corrí hacia la puerta, la camioneta ya desaparecía entre los árboles.
Entonces descubrí algo peor: se había llevado también mi