Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

eso.

—No necesitaba decirlo.

Recordé su abrazo al salir de la clínica.

Sus lágrimas.

Sus palabras sobre mi sacrificio.

Todo había parecido tan sincero.

Ahora me preguntaba cuánto de aquello había sido una representación.

Sebastián tomó el contrato.

—Madre, ¿estás insinuando que mi esposa podría fingir o inventar la paternidad de nuestros hijos?

—Estoy diciendo que debemos ser prudentes.

—Sofía nunca me ha dado una razón para desconfiar de ella.

Victoria me observó.

—Entonces no tendrás inconveniente en someterte a pruebas cuando sea posible.

Sentí que me ardían las mejillas.