no entren.
Daniel vaciló.
—Señor, ella insiste en que se trata de una emergencia.
—La única emergencia aquí es que mi esposa necesita tranquilidad. Nadie entra sin su permiso.
Daniel asintió y salió.
Me sorprendió escuchar a Sebastián hablarle así a alguien de su propia familia.
Pero todavía había demasiadas preguntas.
—Quiero ver los exámenes originales —dije—. Todos.
—Los conseguiré.
—Y quiero hablar con un médico que no tenga ninguna relación con tu madre.
—De acuerdo.
—Sin abogados. Sin empleados de la familia. Sin nadie decidiendo qué información puedo conocer.