que supieras que te elegía incluso si nunca formábamos una familia con hijos biológicos.
Me llevé una mano al vientre.
—Así que decidiste esconderme información importante sobre nuestra vida.
—Sí.
La sinceridad de aquella respuesta me dolió más que cualquier excusa.
—Eso no fue protegerme, Sebastián. Fue decidir por mí.
Él asintió.
—Lo sé. Y estuvo mal.
En ese momento alguien golpeó la puerta.
Era el asistente de Sebastián, Daniel.
—Señor, su madre está llegando. También viene el abogado de la familia.
Mi esposo se puso de pie.
—Diles que