estuviera bajo investigación, nadie prestaría atención a la clínica. Dijiste que borrarías mi nombre de los registros.
Preston apretó la mandíbula.
—Escúchame con atención. Si vuelves a llamarme, te arrepentirás.
—¿Me estás amenazando? Tengo copias de los documentos, Preston. Copias de todos ellos.
La llamada terminó.
Preston se quedó inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja.
Por primera vez desde que había iniciado su plan, sintió miedo de verdad.
Porque aquella voz no pertenecía a un desconocido.
Pertenecía al doctor Ellison.
Mientras tanto, en una residencia protegida a las