a su hospital con el abdomen destrozado y sin pulso en una pierna, y un cirujano que no quiso rendirse estuvo nueve horas dentro de mi niña. Cuando salió, nos dijo: «Va a necesitar tiempo, pero va a bailar». Laura bailó en su boda, doctor. Bailó en su boda delante de doscientas personas, y esa noche brindó por usted sin conocerlo apenas. Decía que usted le había dado la vida dos veces: la suya, y la que ella pudiera dar después.
La que ella pudiera dar después estaba dos puertas