Capítulo 2: El de la voz

que me entregues nada para demostrar que soy capaz de dirigir mi vida —dijo Reese.

Augustus asintió lentamente.

—Lo sé. Por eso estos documentos no son una recompensa. Son una corrección. Nunca debí permitir que otros decidieran qué era lo mejor para ti.

Reese sostuvo la carta entre sus manos.

—Te quiero, abuelo. Pero voy a necesitar tiempo para volver a confiar en ti.

Los ojos del anciano se llenaron de lágrimas.

—Lo entiendo.

No hubo un abrazo inmediato ni una reconciliación milagrosa.

Solo dos personas que se querían y