silencio.
—Ojalá su padre estuviera aquí.
Alejandro no intentó consolarla con promesas vacías.
Solo tomó una silla y permaneció a su lado.
Después de unos minutos, ella habló de nuevo.
—¿Cómo está su padre?
—Mejor. Sigue recuperándose.
Mariana sonrió.
—Me alegro.
Alejandro la miró con incredulidad afectuosa.
—Acaba de tener un bebé antes de tiempo y todavía está preocupada por mi padre.
—No puedo evitarlo.
Él guardó silencio.
Después dijo algo que llevaba días pensando.
—Mariana, quiero ofrecerle algo. Pero antes necesito que sepa que puede decirme que no.
Ella