una venganza impulsiva.
Quería que la verdad resistiera cualquier intento de destruirla.
Aquella noche, Daniel me llamó.
—Primo, me han dicho que estás revisando documentos antiguos.
—Así es.
—Lucas, no tienes por qué remover cosas desagradables. Tu divorcio fue difícil, pero ya pasó.
—¿Sabías que Sophie estaba embarazada?
Silencio.
—¿Qué?
—Te he hecho una pregunta.
—Tu madre sospechaba que intentaba aprovecharse de ti.
Cerré los ojos.
Otra vez aquella misma excusa.
—¿Falsificaste mi firma?
Daniel soltó una breve risa.
—Ten cuidado con las acusaciones.
—El archivo salió de tu cuenta.