Tras firmar mi divorcio, oí a mi exsuegra organizar un brindis para celebrar que me habían echado de la mansión. Al regresar y ver sus maletas fuera, gritó: «¡Esa casa es de mi hijo!». Sin discutir, entregué a la funcionaria judicial los documentos de propiedad. Entonces mi abogada abrió un expediente: alguien había solicitado 1.250.000 euros usando mi firma y otro edificio mío.

el chalet. Era un edificio comercial de Alcalá de Henares, adquirido por Elena antes de su matrimonio y alquilado a pequeñas empresas.

Ese edificio pagaba las nóminas de su estudio y financiaba otras reformas. Elena recordó las noches calculando presupuestos, los andamios, las goteras y la alegría de recibir el primer alquiler.

—Dime que ese documento no ha llegado al banco —susurró.

—Ha llegado —respondió Inés—, pero todavía no se ha formalizado ninguna garantía.

Entonces señaló el importe solicitado: 1.250.000 euros.

Begoña dejó de protestar. Álvaro se llevó